Simone Weil: Dolor, sufrimiento y desdicha. Su transformación por la belleza.

 

Simone Weil es para todxs. L’HOSPITALET DE LLOBREGAT, ISSN2565-0556

Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel

https://simoneweilesparatodos.blogspot.com.es/

Trigales de la Mancha. Foto: Ángel Sánchez-Miguel


El deseo es la energía que nos mueve. La necesidad impone el deseo. Alcanzamos lo que deseábamos y deseamos más. Cesa el dolor que sufríamos, como deseábamos, pero deseamos más. Siempre estaremos insatisfechos, es una verdad que no podemos obviar, mirarla de frente nos hace desdichados, nos acerca a la verdad de la muerte de la que pretendemos huir, como nos resulta intolerable nos instalamos en la mentira, pero sólo “quienes rechazan la mentira y, sin rebelarse contra el destino, prefieren saber que la vida es intolerable, acaban por recibir desde afuera, desde un lugar situado fuera del tiempo, algo que permite aceptar la vida como es”.

El dolor es algo físico que experimentamos en nuestra existencia y hacemos lo posible por evitarlo, eliminarlo, aunque no siempre podemos. El dolor por las pérdidas (el duelo) es algo que también experimentamos físicamente, orgánicamente. El dolor siempre es físico.

Cuando el dolor psíquico se instaura en nuestro ser, sufrimos. Los pensamientos y sentimientos nos llevan a este estado. No es tanto lo que vivimos sino cómo lo vivimos. Cuando proyectamos nuestro sufrimiento sobre otras realidades acabamos sintiendo odio, asco, fobia… a ciertos lugares, personas o cosas con las que identificamos nuestro sufrimiento. Si no podemos controlar el sufrimiento debemos buscar ayuda terapéutica. El sufrimiento disminuye con una vida saludable que promueva pensamientos positivos, con la consciencia sobre la realidad y sobre nuestra manera de enfrentarnos a ella, con la amistad auténtica, con la meditación sobre cosas bellas: naturaleza, arte, personas… sobre las que proyectar ese sufrimiento que sólo con ellas encontrará la calma.

La desdicha es un estado prolongado de dolor, por enfermedad, pobreza, exclusión, esclavitud… que provoca una pérdida del vínculo social. El desdichado es rechazado hasta por sí mismo. Nadie puede ni debe querer la desdicha porque rompe el alma. Nos anonada.

Hay mentes enfermas que buscan el dolor o aumentan el sufrimiento, el propio y el ajeno. La desdicha, en cambio, nos sobreviene.

Mirarla de frente sin engañarse, pasar la larga noche obscura del tiempo inmensurable de la desdicha esperando alguna luz, resistir sin permitir que la desesperación se adueñe de nosotros, resistir con y por amor… así es como la dicha, un día, te sale al encuentro y te transforma.

Lo dice Simone Weil. Lo experimenté. Sucede.

Simone Weil piensa que sólo la belleza y el pensamiento de su existencia puede hacer que el desdichado soporte su opresión.

“Nada hay puro en este mundo, salvo los objetos y los textos sagrados, la belleza de la naturaleza (sí se la contempla en sí misma, sin tratar de alojar en ella las fantasías propias) y, en menor grado, los seres humanos en los que Dios habita y las obras artísticas surgidas de la inspiración divina”.

Busquemos Belleza porque sólo ella transforma el alma. La Belleza, en los seres humanos, siempre es consecuencia de la Ética. Cuidemos la Belleza. Aspiremos Belleza

Maria Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel, 2019. Revisado el 2021.

A l@s desdichad@s en cuyo rostro brota la alegría.

 


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