Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social

1.   Crítica del Marxismo:
Marx parte de un análisis certero de la opresión capitalista basado en la división del trabajo, pero sigue el desarrollo de sus ideas fundamentándolas en la creencia de que, utilizando el mismo método de producción y de sometimiento del trabajador para aumentar el poder, no de la empresa, sino del Estado, se llegará a la creación de una sociedad de hombres libres.
Marx reconoce que los empresarios lo que buscan es acrecentar su poder, poder que las sociedades marxistas dejan en manos del estado. Weil expone que es, precisamente la lucha por el poder, junto con los condicionamientos materiales que expone Marx, los que causan la opresión. Por tanto, el uso de la fuerza para aumentar el poder, aunque sea con miras al “estado proletario”, no provocará más que un aumento desmesurado de la opresión del trabajador por el Estado, como ya se veía que ocurría. Los medios se convierten en fines.
Marx supone que el desarrollo de las fuerzas productoras permitirá, al final, un estado del bienestar para el trabajador, lo que para Weil constituye una doctrina, con lo que el estado opresor intermedio del que habla Marx no habrá sido nada más que otra batalla inútil. La pretensión última de una sociedad sin “la maldición del trabajo” que propone Marx, está basada en una creencia que fácilmente se transformará en demagogia. No es más que un mito.
No es raro, nos dice nuestra maestra, que espíritus como el de Marx, absorbidos por la elaboración de una nueva idea, caigan en “la imprecisión del uso del lenguaje”. La gran idea de Marx, nos explica, es que, en la sociedad, lo mismo que en la naturaleza, nada se efectúa sino por transformaciones materiales. Esta idea, que en su doctrina evolucionó hacia el terreno de la utopía[2], justamente lo que no quería Marx, es la base de la gran aportación marxista: el método materialista de análisis de la realidad, partiendo de las necesidades de producción y de las condiciones materiales de nuestra posibilidad de acción; método que según Weil aún no ha sido utilizado, salvo en colectivos concretos.
Nuestra cultura, nos dice Weil nos ha dejado el “funesto hábito de generalizar, extrapolar arbitrariamente”, en lugar de estudiar las condiciones de un fenómeno y sus límites. Marx, a quien su método dialéctico debía preservar de tal error, ha errado en los límites, nos dice.
Si todo progreso continuo está limitado debemos preguntarnos por la eficacia de la “racionalización de trabajo” (concentración, división y coordinación). Mediante la contrastación con las leyes de la naturaleza y de la física, llega a la conclusión de que: “el crecimiento siempre es limitado”, “si se sobrepasan los límites en expansión y complejidad, se produce una regresión”.
Aun así, debemos pensar y procurar una organización de la producción que, sin substraerse a las necesidades de la naturaleza y la opresión, se haga sin aplastar los espíritus y los cuerpos.
2.   Análisis de la opresión
Según Marx la opresión social no se puede suprimir mientras subsistan las causas que la hacen inevitable. Las causas de esta opresión, según Marx y Engels, hay que buscarlas en la división del trabajo.
Nuestra filósofa se pregunta ¿Por qué la división del trabajo produce opresión? Parte en primer lugar de las leyes de la naturaleza y, entre ellas, las de la naturaleza humana, somos seres biológicos y tenemos necesidades y limitaciones. Estamos sometidos, en primer lugar, a la naturaleza con sus leyes y sus azares. La economía primitiva sometida a las fuerzas de la naturaleza, pasó a someterse al dominio del hombre por el hombre, detentando unos el poder “mágico” sobre esas fuerzas que se pretendían dominar simbólicamente.
La existencia, actividad y competencia de los grupos sociales llevaron a la acumulación de medios y al uso y abuso del poder en diversos estamentos, para mantenerlos. La dependencia de las relaciones de poder es mutua (los poderosos necesitan ejercerlo sobre los que los necesitan para cubrir sus necesidades básicas) La lucha por el poder se ejerce sobre los que esclaviza y sobre los rivales. En los que esclaviza provoca sumisión o ambición. Weil se pregunta si sería posible suavizar el poder mediante la resistencia de los débiles y el espíritu de justicia de los fuertes, según las leyes de la naturaleza, no, el poder no puede debilitarse o se perderá, el poder necesita siempre reforzarse frente a los que oprime como frente a sus rivales, so pena de desaparecer. “La carrera por el poder esclaviza a todos.” La rebelión no suele conducir más que a un mayor ejercicio abusivo del poder o a un simple cambio de quien lo detenta. ¿Entonces?, nos preguntamos.
El límite a la concentración y tiranía del poder está en la naturaleza intrínseca de las cosas: las necesidades ineluctables a las que se debe atender, el alcance determinado de todo fenómeno, la capacidad constructiva en una extensión imposible de gobernar y la destructiva mediante el choque de fuerzas. Si se rebasan los límites se engendra la destrucción. “La naturaleza misma de las cosas constituye esa divinidad justiciera que los griegos llaman Némesis y que castiga la desmesura”.
v  ¿Podrían llevarse esos análisis al machismo que hemos sufrido y sufrimos?
La decadencia se produce mediante un duro castigo o desapareciendo poco a poco, en las viejas sociedades ya subyacen las nuevas, como nos demuestra la historia. Es decir, con o sin revolución, las transformaciones se dan, pero siempre se vuelve a la lucha por el poder. "Parecería que el hombre nace esclavo y que la servidumbre es su condición" Es el poder el que produce la opresión, concluye.
3.   Cuadro teórico de una sociedad libre.
Conociendo los condicionamientos de la naturaleza y de nuestra naturaleza humana, no podemos sustraernos a soñar con la libertad. Es el pensamiento el que nos lo permite. Vamos alcanzando libertad cuando relacionamos nuestro pensamiento con nuestra acción. Nos sometemos a un juicio previo y a un encadenamiento de medios planificados. La libertad implica dominio de sí y no hay dominio de sí sin disciplina, lo que implica templanza y coraje,
Ante las condiciones de opresión en las que existimos podemos elegir entre la servidumbre ciega o la libertad de conformarse a una representación interior.
Nuestro cuerpo es como un barco que zozobra ante las tempestades e inclemencias, podemos actuar por instinto, rutinas, tanteos o improvisaciones, pero será mejor si establecemos y seguimos un método. El método constituiría el “alma” misma del trabajo. El método sigue un ritmo, un esquema, genera automatismos, pero cuando se pierde la relación entre signo y significado, se pierde el sentido. El trabajo lúcido tendería hacia el equilibrio entre el espíritu atento y el objeto al que se aplica.
Peor que gobernar un cuerpo es gobernar una colectividad. La colectividad no piensa, sólo lo hace el individuo, La colectividad necesita del individuo, cuando éste se somete a la colectividad renunciando a lo que le es propio se convierte en inerte. La colectividad no tiene ideas propias, sólo opiniones, no actúa sólo produce una agitación ciega, no tiene un sentido determinado, sólo hay inaccesibilidad y arbitrariedad.
El hombre no puede someterse ni a la naturaleza ciega, ni a las colectividades ciegas que forma con sus semejantes.
El pensamiento no constituye una fuerza salvo en el propio espíritu, puede juzgar, pero no transformar, las fuerzas siempre son materiales. Todo puede imponerse desde fuera excepto la facultad de pensar, es nuestro privilegio.
El trabajo del hombre libre tendría que estar cercano a las acciones que necesitan del pensamiento controlando la adaptación de sus esfuerzos a la producción, la técnica y la coordinación.
Si Marx ordena los modos de producción según el rendimiento, Weil los analiza en función de las relaciones pensamiento-acción.
El trabajo manual tendría que estar en relación con la vida y ser el centro de la cultura. El pensamiento es la suprema dignidad del ser humano y se ha de ejercer en la vida real: comprendiendo, controlando y estableciendo relaciones de fraternidad entre compañeros de trabajo, a pesar de las rivalidades que siempre existirán. “La sumisión consciente a la necesidad nos libera”.
Bosquejo de la vida social contemporánea.
El panorama era, es, bastante desolador. El hombre se esfuerza por dejar de lado su naturaleza, desaparece el espíritu metódico, crecen las colectividades y el anonimato, la organización es burocrática, mercantilista, arbitraria, aumenta la desmesura, la propaganda y la publicidad nos guían… “¿Cómo Marx pudo creer que un régimen de esclavos haría hombres libres?”, se pregunta, desolada. La libertad sólo es apreciada por los hombres libres, nos dice. El régimen inhumano, deshumaniza, desaparece el sentido y la responsabilidad del trabajo bien hecho, los desocupados se ven obligados a mendigar, el salario es una limosna, dirigentes y esclavos se ven sometidos a la inercia.
Cuanto más nos queremos alejar de la realidad y de las leyes de la naturaleza, más crecen los mitos, ídolos y monstruos como son: las Finanzas, la Bolsa, la Banca, para unos y los cabecillas, agitadores y demagogos para otros. Los políticos están al servicio de los capitalistas, los fascistas transmiten sus consignas vacías, aumenta la represión, el pensamiento está ausente u oculto…
Sólo la comprensión puede liberar al espíritu.




[1]Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social. Escrito en 1934 y publicado como artículo en la revista “La Critique Sociale”. file:///E:/Tesis/Obras%20simone%20Weil/1934%20LOS%20Reflexiones%20sobre%20las%20causas%20de%20la%20libertad%20-.pdf www.pedagogiallibertaria.org/.../Reflexiones+sobre+las+causas+de+la+libertad+-+Sim...
[2] Weil distingue entre utopía (sueños) e ideal (partiendo de la realidad, se tiende hacia lo que aspiramos)

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