Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social
Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la
opresión social.[1]
Simone Weil es para todos de Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel
L'Hospitalet de Llobregat ISSN 2565-0556
Simone Weil es para todos de Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel
L'Hospitalet de Llobregat ISSN 2565-0556
1. Crítica del Marxismo:
Marx parte de un análisis certero de la opresión
capitalista basado en la división del trabajo, pero sigue el desarrollo de sus
ideas fundamentándolas en la creencia de que, utilizando el mismo método de
producción y de sometimiento del trabajador para aumentar el poder, no de la
empresa, sino del Estado, se llegará a la creación de una sociedad de hombres
libres.
Marx reconoce que los empresarios lo que buscan es
acrecentar su poder, poder que las sociedades marxistas dejan en manos del
estado. Weil expone que es, precisamente la lucha por el poder, junto con los condicionamientos materiales que
expone Marx, los que causan la opresión. Por tanto, el uso de la fuerza para
aumentar el poder, aunque sea con miras al “estado proletario”, no provocará
más que un aumento desmesurado de la opresión del trabajador por el Estado,
como ya se veía que ocurría. Los medios
se convierten en fines.
Marx supone que el desarrollo de las fuerzas productoras
permitirá, al final, un estado del bienestar para el trabajador, lo que para
Weil constituye una doctrina, con lo
que el estado opresor intermedio del que habla Marx no habrá sido nada más que
otra batalla inútil. La pretensión última de una sociedad sin “la maldición del
trabajo” que propone Marx, está basada en una creencia que fácilmente se transformará en demagogia. No es más que un mito.
No es raro, nos dice nuestra maestra, que espíritus como el
de Marx, absorbidos por la elaboración de una nueva idea, caigan en “la imprecisión del uso del lenguaje”. La
gran idea de Marx, nos explica, es que, en la sociedad, lo mismo que en la
naturaleza, nada se efectúa sino por transformaciones materiales. Esta idea,
que en su doctrina evolucionó hacia el terreno de la utopía[2],
justamente lo que no quería Marx, es la base de la gran aportación marxista: el método materialista de análisis de la
realidad, partiendo de las necesidades de producción y de las condiciones
materiales de nuestra posibilidad de acción; método que según Weil aún no ha
sido utilizado, salvo en colectivos concretos.
Nuestra cultura, nos dice Weil nos ha dejado el “funesto hábito de generalizar, extrapolar arbitrariamente”, en
lugar de estudiar las condiciones de un fenómeno y sus límites. Marx, a quien
su método dialéctico debía preservar de tal error, ha errado en los límites,
nos dice.
Si todo progreso continuo está limitado debemos
preguntarnos por la eficacia de la “racionalización de trabajo” (concentración,
división y coordinación). Mediante la contrastación con las leyes de la
naturaleza y de la física, llega a la conclusión de que: “el crecimiento
siempre es limitado”, “si se sobrepasan los límites en expansión y complejidad,
se produce una regresión”.
Aun así, debemos pensar y procurar una organización de la
producción que, sin substraerse a las necesidades de la naturaleza y la
opresión, se haga sin aplastar los espíritus y los cuerpos.
2. Análisis de la opresión
Según Marx la opresión social no se puede suprimir mientras
subsistan las causas que la hacen inevitable. Las causas de esta opresión,
según Marx y Engels, hay que buscarlas en la división del trabajo.
Nuestra filósofa se pregunta ¿Por qué la división del
trabajo produce opresión? Parte en primer lugar de las leyes de la naturaleza
y, entre ellas, las de la naturaleza humana, somos seres biológicos y tenemos
necesidades y limitaciones. Estamos sometidos, en primer lugar, a la naturaleza
con sus leyes y sus azares. La economía primitiva sometida a las fuerzas de la
naturaleza, pasó a someterse al dominio del hombre por el hombre, detentando
unos el poder “mágico” sobre esas fuerzas que se pretendían dominar
simbólicamente.
La existencia, actividad y competencia de los grupos
sociales llevaron a la acumulación de medios y al uso y abuso del poder en
diversos estamentos, para mantenerlos. La dependencia de las relaciones de
poder es mutua (los poderosos necesitan ejercerlo sobre los que los necesitan
para cubrir sus necesidades básicas) La lucha por el poder se ejerce sobre los
que esclaviza y sobre los rivales. En los que esclaviza provoca sumisión o
ambición. Weil se pregunta si sería posible suavizar el poder mediante la
resistencia de los débiles y el espíritu de justicia de los fuertes, según las
leyes de la naturaleza, no, el poder no puede debilitarse o se perderá, el
poder necesita siempre reforzarse frente a los que oprime como frente a sus
rivales, so pena de desaparecer. “La carrera por el poder
esclaviza a todos.” La rebelión no suele conducir más que a un mayor
ejercicio abusivo del poder o a un simple cambio de quien lo detenta.
¿Entonces?, nos preguntamos.
El límite a la concentración y tiranía del poder está en la
naturaleza intrínseca de las cosas: las necesidades ineluctables a las que se
debe atender, el alcance determinado de todo fenómeno, la capacidad
constructiva en una extensión imposible de gobernar y la destructiva mediante
el choque de fuerzas. Si se rebasan los límites se engendra la destrucción. “La naturaleza misma de las cosas constituye esa divinidad justiciera
que los griegos llaman Némesis y que castiga la desmesura”.
v ¿Podrían llevarse esos análisis al machismo que hemos
sufrido y sufrimos?
La decadencia se produce mediante un duro castigo o
desapareciendo poco a poco, en las viejas sociedades ya subyacen las nuevas,
como nos demuestra la historia. Es decir, con o sin revolución, las
transformaciones se dan, pero siempre se vuelve a la lucha por el poder. "Parecería que el hombre nace esclavo y que la servidumbre es su
condición" Es el poder el que produce la opresión, concluye.
3. Cuadro teórico de una sociedad libre.
Conociendo los condicionamientos de la naturaleza y de
nuestra naturaleza humana, no podemos sustraernos a soñar con la libertad. Es
el pensamiento el que nos lo permite. Vamos alcanzando libertad cuando
relacionamos nuestro pensamiento con nuestra acción. Nos sometemos a un juicio
previo y a un encadenamiento de medios planificados. La libertad implica
dominio de sí y no hay dominio de sí sin disciplina, lo que implica templanza y
coraje,
Ante las condiciones de opresión en las que existimos
podemos elegir entre la servidumbre ciega o la libertad de conformarse a una
representación interior.
Nuestro cuerpo es como un barco que zozobra ante las
tempestades e inclemencias, podemos actuar por instinto, rutinas, tanteos o
improvisaciones, pero será mejor si establecemos y seguimos un método. El método constituiría el
“alma” misma del trabajo. El método sigue un ritmo, un esquema, genera
automatismos, pero cuando se pierde la relación entre signo y significado, se
pierde el sentido. El trabajo lúcido tendería hacia el equilibrio entre el
espíritu atento y el objeto al que se aplica.
Peor que gobernar un cuerpo es gobernar una colectividad.
La colectividad no piensa, sólo lo hace el individuo, La colectividad necesita
del individuo, cuando éste se somete a la colectividad renunciando a lo que le
es propio se convierte en inerte. La colectividad no tiene ideas propias, sólo
opiniones, no actúa sólo produce una agitación ciega, no tiene un sentido
determinado, sólo hay inaccesibilidad y arbitrariedad.
El hombre no puede someterse ni a la naturaleza ciega, ni a
las colectividades ciegas que forma con sus semejantes.
El pensamiento no constituye una fuerza salvo en el propio
espíritu, puede juzgar, pero no transformar, las fuerzas siempre son
materiales. Todo puede imponerse desde fuera excepto la facultad de pensar, es
nuestro privilegio.
El trabajo del hombre libre tendría que estar cercano a las
acciones que necesitan del pensamiento controlando la adaptación de sus
esfuerzos a la producción, la técnica y la coordinación.
Si Marx ordena los modos de producción según el
rendimiento, Weil los analiza en función de las relaciones pensamiento-acción.
El trabajo manual tendría que estar en relación con la vida
y ser el centro de la cultura. El pensamiento es la suprema dignidad del ser
humano y se ha de ejercer en la vida real: comprendiendo, controlando y
estableciendo relaciones de fraternidad entre compañeros de trabajo, a pesar de
las rivalidades que siempre existirán. “La sumisión consciente a la
necesidad nos libera”.
Bosquejo de la vida social contemporánea.
El panorama era, es, bastante desolador. El hombre se
esfuerza por dejar de lado su naturaleza, desaparece el espíritu metódico,
crecen las colectividades y el anonimato, la organización es burocrática,
mercantilista, arbitraria, aumenta la desmesura, la propaganda y la publicidad
nos guían… “¿Cómo Marx pudo creer que un régimen de esclavos haría
hombres libres?”, se pregunta, desolada. La libertad sólo es
apreciada por los hombres libres, nos dice. El régimen inhumano, deshumaniza,
desaparece el sentido y la responsabilidad del trabajo bien hecho, los
desocupados se ven obligados a mendigar, el salario es una limosna, dirigentes
y esclavos se ven sometidos a la inercia.
Cuanto más nos queremos alejar de la realidad y de las
leyes de la naturaleza, más crecen los mitos, ídolos y monstruos como son: las
Finanzas, la Bolsa, la Banca, para unos y los cabecillas, agitadores y
demagogos para otros. Los políticos están al servicio de los capitalistas, los
fascistas transmiten sus consignas vacías, aumenta la represión, el pensamiento
está ausente u oculto…
Sólo la comprensión puede liberar al espíritu.
[1]Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social. Escrito en 1934 y publicado como artículo en
la revista “La Critique Sociale”. file:///E:/Tesis/Obras%20simone%20Weil/1934%20LOS%20Reflexiones%20sobre%20las%20causas%20de%20la%20libertad%20-.pdf
www.pedagogiallibertaria.org/.../Reflexiones+sobre+las+causas+de+la+libertad+-+Sim...
[2] Weil distingue entre utopía (sueños) e ideal
(partiendo de la realidad, se tiende hacia lo que aspiramos)
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