CÁTAROS Y OKUPAS
L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN 2565-0556
CÁTAROS Y OKUPAS
Los denominados “cátaros” eran, en realidad, simplemente,
cristianos. Una corriente cristiana que hizo su propio camino religioso y
espiritual al margen de Roma, a quien consideraban la “usurpadora”. Nos
explicaron que eran herejes dualistas (separación entre el bien y el mal), pero
esas doctrinas formaban parte de las corrientes cristianas de los inicios entre
los denominados “gnósticos” (gnosis=conocimiento) no eran tan extrañas, ni
producían efectos negativos en sus vidas, que más bien eran admiradas y
queridas por la población en general.
En realidad el problema era el llevar una vida alternativa. Una vida más dinámica, participativa y
no tan jerarquizada, que ya se daba en la Edad Media en la región francesa de
Lenguadoc, donde mayormente se establecieron y crecieron, allí a este tipo de
cristianos se les llamaban “hombres buenos”, eran una especie de orden
religiosa con un marcado espíritu de pobreza y de pureza, pero ellos, además de
predicar, trabajaban allí donde iban, ayunaban y se abstenían de comer carne ni
grasas animales, las mujeres ejercían las mismas funciones que los hombres como
las de predicar o partir el pan en la oración en común, y había, más o menos,
el mismo número de unos y de otras.
No sabemos qué hubiera pasado si les hubieran dejado
existir, porque los aniquilaron, Roma envió primeramente a las cruzadas y
posteriormente pasó a todos los seguidores de esta religión-filosofía de vida,
por el filo despiadado de la Inquisición. Duele leer esta aniquilación que fue
minuciosamente registrada por el mismo sistema inquisitorial, la primera
organización criminal burocratizada. Los nazis debieron aprender de ella.
Foto: casa okupa legal en Berlín
Me ha venido a la mente el movimiento okupa. Salvando todas
las distancias que hay entre unos diez siglos. Muchos son veganos por respeto a
la vida de los animales, lo que el poder aprovecha para acusarlos de “veganismo
extremo” (expresión inventada por algún periodista servil). Viven con un modo
de vida alternativo (algunos empujados por la necesidad, otros por sus
criterios, o por ambas cosas a la vez), son acusados de antisistema,
radicalismo extremo… Protestan con sus voces y cuerpos, a veces hacen alguna
trastada como pintar en los muros o poner silicona en las puertas (lo que no
justifico porque a los que más fastidian es a los trabajadores que tendrán
faena extra), son acusados de terroristas. Crean sus propias redes para
reunirse, denunciar la corrupción y actuar en contra de la especulación,
realizar sus intercambios y actividades…., les ponen trabas por todos lados. Algunos
se hacen oír por una fatídica circunstancia (unos títeres de mal gusto, un
comentario de hace años sacado de contexto…), son encarcelados, obligados a
dimitir…
Puede que, más adelante el poder los asimile, que es una
forma menos cruenta de exterminio. El poder tiene que luchar por mantener el
poder. Los que desean el poder luchan por acabar con el poder establecido e
imponer el suyo. Los más odiados por unos y otros son los que renuncian al
poder, los que crean sistemas de relaciones alternativos, los que no se
someten…
Los demás, los que hacemos “lo que podemos” mantengámonos
lúcidos, resistamos a las mentiras del poder, apoyemos lo más humano.
v Este artículo está basado, principalmente, en la lectura de “Els càtars” de Antoni Dalmau (2005)
UOC, en lo que Simone Weil explica acerca de esta civilización que descubrió
durante los años que pasó en Marsella, en sus reflexiones sobre el poder y la
fuerza y en la realidad actual.
Mª Ángeles García-Carpintero
A ellos y a vosotros
28-julio-2012

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