LA OBRA DE SIMONE WEIL EN LAS REALIDADES ACTUALES.1. Opresión y Libertad. La fuerza que ejerce el siglo.

LA OBRA DE SIMONE WEIL EN LAS REALIDADES ACTUALES.
 L'Hospitalet de Ll. ISSN 2565-0556
“No basta rebelarse contra un orden social basado en la opresión, hay también que cambiarlo, y, para cambiarlo, hay que conocerlo.”[1]
1. Opresión y Libertad. La fuerza que ejerce el siglo.
Como resultado de su actividad vinculada a los sindicatos y a los movimientos libertarios y de los cursos que había dado sobre el marxismo, escribe en 1934 el ensayo: Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social. (OL) En esta obra y en artículos anteriores como: Perspectivas: ¿Nos dirigimos hacia la revolución proletaria? (RP) o Reflexiones sobre la guerra (RG), ambos de 1933, emprende una lúcida y poderosa crítica a la doctrina marxista (en lo que puede tener de erróneo) y a las tentativas revolucionarias o de guerra como acciones ilusas que sólo consiguen aumentar la opresión sobre la clase trabajadora. En OL ofrece también, su propia formulación teórica de una hipotética sociedad libre, aunque acto seguido nos hace un retrato de la sociedad contemporánea (la de su tiempo, que puede ser el nuestro) que desmonta toda esperanza ilusoria dejándonos, exclusivamente, la de ser lúcidos para tener alguna oportunidad de ser eficaces en la tarea.
Muchos de los puntos que en estos escritos encontramos corresponden a lo que se ha denominado post-marxismo y que ella ya postulaba como creencias sin fundamento, como la del crecimiento ilimitado del rendimiento productivo o la ilusión de que haciendo más fuerte el aparato del estado se conseguiría la liberación de los trabajadores. Análisis certeros y proféticos que no gustaron en sus círculos próximos y por los que fue siendo relegada y vilipendiada.
Desgraciadamente, el tiempo le ha dado la razón: la creciente opresión de la función que se desliga del trabajo productivo, lo mismo que la economía que se desliga de los medios de producción haciéndose meramente especulativa, la carrera por el poder y la competencia que va llegando al mismo límite de las posibilidades de la tierra… ya están aquí y reclaman nuestra atención.
En RP, por ejemplo, leemos preguntándonos: ¿es de 1933 o de ahora mismo?
… Después sobrevino el paro que se abatió sobre una clase obrera, ya mutilada, sin provocar ninguna reacción. Aunque ha exterminado menos hombres que la guerra, sin embargo, ha producido un abatimiento general más profundo, reduciendo a amplias masas obreras, y particularmente a toda la juventud, a una situación de parásitos que, a fuerza de prolongarse, ha terminado por parecer definitiva a aquellos que la sufren. Los obreros que se quedaron en las empresas han acabado considerando ellos mismos el trabajo que realizan ya no como una actividad indispensable de la producción, sino más bien como un favor que les concede la empresa. De esta manera, el paro, allí donde se halla más extendido, llega a reducir a todo el proletariado a un estado de espíritu de parásito. Evidentemente que puede volver la prosperidad, pero ninguna prosperidad puede salvar a las generaciones que han pasado su adolescencia y su juventud en una ociosidad más estresante que el trabajo, ni preservar a las futuras generaciones de una nueva crisis o de una nueva guerra.[2]

Simone Weil conoció a fondo y de primera mano los movimientos obreros de la industrialización, los movimientos sindicales, sus difíciles relaciones con el funcionamiento ideológico de los partidos políticos o el auge de los totalitarismos que observó, vivió y padeció; podemos leer sus escritos históricos y políticos en clave de un mejor conocimiento de la época que le tocó vivir: entre las dos grandes guerras que asolaron el mundo en el s. XX, en medio de su gran crisis económica y de las consecuencias devastadoras de los imperialismos, como las consabidas demagogias en la exaltación de las masas, la desunión de los movimientos de izquierdas, la tergiversación del ideal comunista…, pero podemos también leerla en clave de entender mejor nuestra actualidad, no sólo porque lo que decía ya ha sucedido  o está ocurriendo, sino porque podemos sumarnos al coraje de descubrir la imaginación que subyace al confundir fines y medios, de poner de relieve los condicionantes de la realidad o destapar los artificios del poder, la codicia y el prestigio que, desgraciadamente, ya estamos viendo a dónde nos conducen. Necesitamos para ello, ahora como entonces, una educación que clarifique y resista a los mecanismos de la opresión promoviendo el espíritu crítico y la cooperación.
Ella nos da las pistas: “La única posibilidad de salvación consistiría en una cooperación de todos, poderosos y débiles en vistas a una descentralización progresiva de la vida social; pero lo absurdo de tal idea es evidente. Una cooperación semejante no puede imaginarse, ni siquiera en sueños, en una sociedad que se basa en la rivalidad, la lucha y la guerra”[3].
No somos mejores ahora que entonces, la diferencia es que ya estamos llegando al límite y que podemos observar, como ella nos explica, que “el progreso se está transformando hoy (1934) en regresión”[4], está ocurriendo si es que no ha ocurrido ya. Al final es el propio choque de fuerzas el que se encarga de restablecer el equilibrio, si ya no somos capaces ni de verlo, ¿cómo vamos a poder contrarrestar las consecuencias?



[1] SP, 202 Los modos de explotación
[2] EHP p. 96
[3] OL cap. II “Bosquejo de la Vida Social contemporánea”
[4] ibidem

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