¿Qué literatura?

Simone Weil es para todxs. L’HOSPITALET DE LLOBREGAT, ISSN2565-0556
Mª Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel
¿Qué literatura? El bien y el mal, la verdad que se comprende y se re-crea.

“Pero las obras de los genios auténticos de los siglos pasados permanecen. Están a nuestro alcance. Su contemplación es la fuente inagotable de una inspiración que tiende, en palabras de Platón, a hacer que crezcan alas contra la pesantez.”[1]
Simone ama la sabiduría que encierra la literatura popular y la clásica. Hay en los cuentos, como en los grandes textos de la literatura, como en las parábolas del evangelio y en las tradiciones espirituales, una verdad que se nos revela a cada cual en cada etapa de nuestra vida.
A Simone le gusta comparar lo que dice acerca de diferentes temas, con este tipo de relatos, relatos que las madres y abuelas, desde tiempos ancestrales, han narrado a los niños y niñas. Esas verdades que se comprenden, se guardan y forman nuestra conciencia sobre los hechos, definen nuestros valores y marcan nuestras elecciones. Son guías para nuestro camino.
Simone amaba los libros y a los niños. Se los tomaba en serio.
No sucede igual con la literatura actual de cada tiempo, la que se reviste de prestigio, la que adultera el lenguaje y desvanece el valor de la conciencia limitándose a expresar estados sentimentales, pero aún son peores los escritores que pretenden moralizar porque estos ni siquiera saben escribir:
“Los escritores no tienen que ser profesores de moral, pero tienen que expresar la condición humana. Y nada es más esencial a la vida humana, para todos los hombres y en todos los instantes, que el bien y el mal. (…) El sentimiento del bien y del mal impregna (…) toda obra no extraña al destino del hombre.”[2]
En la ficción, señala, el bien es aburrido, soso, cansa; mientras que el mal ficticio es variado, interesante, atrayente, profundo, lleno de seducciones. Todos procedemos, como los novelistas con su libro, envolviendo nuestra vida de una niebla que ensombrece los valores, como en una ficción. El genio será el que nos dará, en forma de ficción, el espesor mismo de la realidad, esa realidad del abismo ante el que el hombre se enfrenta al bien y al mal.
Los malos escritores no lo son por su inmoralidad, lo son por la falta –aún- de genio, su única misión será preparar el terreno al genio. Los escritores han estado al servicio de los poderosos, pero, a partir de la Ilustración, junto a los científicos, usurparon la dirección espiritual que antes se ejercía con los cantos y plegarias religiosas. Lo más grave es la banalización en la que hemos caído al establecer la misma autoridad que se le da a la publicidad: “Cuando la literatura y la ciencia usurpan esa función es que ya no hay vida espiritual.”[3]
La literatura conlleva la pregunta por el ser que somos. De esa pregunta nace, si es auténtica, y a esa pregunta nos acerca.
Trasponiendo lo que dice acerca de la literatura general a la literatura “infantil y juvenil” en nuestro ahora y aquí, convenimos con ella en que seres con menos desarrollo de las facultades lingüísticas, como los niños muy pequeños o los que sufren limitaciones o los que aprenden una segunda lengua, son sensibles a lo bello del lenguaje, a una historia bien contada, con sentido y sentida.
A este respecto, coincidimos en que la auténtica fuente sigue siendo la de los clásicos, los de antaño, los del siglo pasado… añadiendo algún autor original de nuestro ahora y aquí… y en que no se trata de “moralizar”. Los libros que pretenden inculcar “valores” resultan, a menudo, tediosos. Los valores sólo lo son para cada cual. La literatura, especialmente en las edades más jóvenes ha de recorrerse como un camino, un camino que nos pone a prueba y mediante el cual nos conocemos mejor a nosotros mismos.
La literatura fue antes de todo y para las clases populares, oral, no se debe olvidar este aspecto. Los primeros cuentos e historias han de ser explicados y necesitan estar bien construidos. Una buena manera de adquirir el lenguaje es representar cuentos, dramatizar escenas, recitar versos… como vemos que hizo, en su infancia, nuestra filósofa. Todos citan el paso por el Henri IV, la filosofía, el sistema de escritura y la pedagogía de Alain como fuente de sus quehaceres filosóficos, educativos y literarios, pero quizás la fuente deberíamos buscarla mucho antes, en esa educación oral, libre, compartida y apasionada de la que gozó con su hermano, debido a la liberalidad y buen criterio de la madre y a pesar de las dramáticas condiciones de guerra.
Por otra parte, se habría de cuidar y mucho los textos para los “nuevos lectores”, se ha de hacer un esfuerzo de editar lo que corresponda a una prosa accesible, pero de calidad -es decir con sentido y “gracia”-, tal como se está haciendo con el cuidado de las imágenes. Da mucha pena leer, en cuentos infantiles con preciosas imágenes, unos textos inconexos, pobres… Los cuentos son, fundamentalmente, para ser contados, leídos, representados…
Igualmente se habrían de eliminar definitivamente la literatura troceada y descontextualizada de los libros de textos. La lengua se aprende utilizándola en contextos significativos, aplicándola a los conocimientos que se comprenden, relacionan y expresan y a través de la buena literatura con buenas narraciones, poesías, teatro, los juegos de lenguaje… Esa literatura que recitada, narrada o dramatizada oralmente permite que, posteriormente, recreemos la vida.
M.ª Ángeles García-Carpintero
Enero, 2018

Foto: presentación del cuento "Els follets de la Marina" de Maribel Alarcón y Mª A. Gª-C. a la biblioteca Bellvitge, con motivo de los 50 años del barrio. Ilustraciones de Vanesa Díaz.





[1] Moral y literatura. Ápeiron, 2016
[2] Carta a Cahiers du Sud sobre las responsabilidades de la literatura. Ápeiron, 2016
[3] Eso lo decía en 1941, cuando la publicidad no había invadido las vidas de las gentes como ahora.

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