El bien y el mal. Esta guerra es una guerra de religiones


El bien y el mal: sobre su pensar y su proceder. ¿Masa o levadura?

L’HOSPITALET DE LLOBREGAT          ISSN 2565-0556


En “Esta guerra es una guerra de religiones”[1], S. Weil, comienza exponiendo que los hombres soñaron desde antaño con suprimir el problema religioso, fuente de enfrentamiento; el hecho de que el hombre no pueda substraerse a ello, reside en la exposición continua al bien y al mal y en el enorme deseo de conocimiento y experiencia que nos habita.
Sólo hay tres maneras de eludir esta cuestión, una es negarla, pero el ser humano necesita una orientación para encauzar sus deseos dando respuesta a sus necesidades y no disponer de esa orientación supone caer en el nihilismo o la locura. Esa orientación, es “religiosa”, aunque no se siga ninguna religión, por tanto, no podemos eludir el problema del bien y del mal sin volvernos locos.
La segunda manera es delegar en una iglesia, una nación, un partido político, una secta… una colectividad ciega, un espacio cerrado o “gordo animal” como definía Platón al culto a las idolatrías. Este segundo camino, llevado al extremo, también acaba en locura porque en nombre de la colectividad se pueden cometer las más auténticas barbaridades, se atenta contra el ser humano.
Los desgraciados ya no tienen acceso a estas dos posibilidades que sólo lo son para los que tienen un cierto poder, a los desgraciados sólo les queda una última posibilidad que se nos ofrece a todos, que es difícil pero no imposible para nadie, es algo infinitamente pequeño, como un grano de mostaza, es la pobreza espiritual que consiste en someternos al bien supremo, un bien que no entendemos pero que deseamos para todos.
El pensamiento juega a favor del mal y su manera es la masa. Los pobres de espíritu juegan a favor del bien, son como la levadura, en consecuencia, sus procedimientos son diferentes. La única ventaja de los desgraciados es que tienen más fácil acceso a la pobreza espíritu. Los ricos de medios económicos, de prestigio o de poder, lo tienen más difícil. Todos somos, mientras vivimos ricos de algo, la clave será el desprendimiento.



[1] Escritos de Londres, 81-88 Ed. Trotta.

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