Oc, "Sí", "Merci", La patria es la lengua
Àngels García-Carpintero
L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN 2565-0556
L’HOSPITALET DE LLOBREGAT ISSN 2565-0556
En uno de los textos que
S. Weil escribió durante su forzosa estancia en Marsella: ¿En qué consiste la inspiración
occitana?,publicado en 1943 en
la revista Le Génied’Oc, y que
podemos encontrar en el librito editado en 2017 en catalán por José J. de Olañera
con traducción y notas de Jordi Quingles, Weil nos explica, con su peculiar
estilo, cómo el totalitarismo de Roma destruyó la civilización de Óc (del
provenzal: sí) y con ello los vestigios de los primeros cristianismos de
inspiración griega portadores de tradiciones orientales.
La religiosidad que desde
el totalitarismo se intenta imponer destruyendo todo lo que afrenta ese poder
nunca dará buenos frutos, sólo el conocimiento y rechazo de la fuerza puede
darlos. El rechazo a ejercer una fuerza que agreda o desprecie al otro es la
base del amor. La civilización de Óc, de la que la parte norte de Cataluña
formaba parte, así lo hacía y por eso fueron aniquilados.
Algunas de las semillas de
aquella civilización persistieron en algunos nombres que se acabaron
desvirtuando, como la palabra merci
(gracia, merced) que expresa el consentimiento necesario para que el amor
prevalezca. Otras fueron enterradas y reaparecieron con el Renacimiento, pero rápidamente
fueron perdiendo fuerza puesto que Europa se replegó sobre sí misma, nos dice
Weil.
La Edad Media del románico
fue el auténtico “humanismo”, nos dice, puesto que toma la medida humana como
referencia buscando el equilibrio y la proporcionalidad. La mediación es
siempre la medida de nuestra mirada, de nuestro paso, del gesto de alargar la
mano… La mediación no se impone ni destruye, tiende puentes para entablar
relación, permite que lo otro sea dejándolo intacto. En esa época el
cristianismo aún estaba envuelto en luz “lo
sobrenatural no se mezclaba con lo profano, no lo aplastaba ni intentaba
suprimirlo”, nos dice.
¿Qué quiere decir con
ello?
Lo sobrenatural no es
contrario ni ajeno a lo natural, no se trata de subliminar o suplir con la
imaginación lo que no alcanzamos a ver, se trata de dejarnos atrapar por las
cosas mismas, desde la renuncia a dominar, a juzgar, a consumir, a controlar, a
dañar…
Sólo la orientación
permite a la planta absorber el sol, y la planta se mueve en esa dirección.
Sólo eso se nos pide, orientar la mirada, desear, buscar y recibir la luz que
gratuitamente nos es dada, contemplar las cosas y los seres con esa luz,
permitir, querer y procurar que la vida sea. Sólo eso es sagrado.
Mª Ángeles García-Carpintero
L’Hospitalet,
3 de juny de 2018

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