Más sombras que luces. A propósito de la última lectura sobre Simone Weil

 

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Simone Weil con su madre, Selma, en Sitge, 1936

A propósito del cuaderno n. 223 de Cristianismo y Justicia de junio de 2021: Luz y sombras (a propósito de Simone Weil), del filósofo, teólogo y jesuita José Ignacio González Faus.

Coincidí con González Faus en el coloquio de abril de 2019 organizado por la American Weil Society. La introducción que hizo al congreso corresponde a la primera parte del cuaderno: Sabiduría. La teología política de Simone Weil, un escrito que muestra intenciones del autor con citas de Simone Weil de la que nada tengo a objetar, aunque podríamos discutir muchas cuestiones.

Es la segunda parte: “Dolor y gloria”. Simone Weil vista por su sobrina”, la que arroja más sombras que luz, ya que aprovechando citas de la que oficialmente es su sobrina y según deja entrever el libro pudo ser su hija[1], cosa que G. Faus no menciona, se dedica a criticar el psiquismo no sólo de Simone, sino también de su madre, Selma Weil.

Ya en un artículo de 2010[2] G. Faus explotaba el filón del psiquismo en exceso y tendenciosamente psicoanalizado de Simone Weil. Le escribí un correo argumentando mis críticas, me respondió que él no es un experto en Simone Weil. Así comienza el cuaderno, como también empezó su conferencia, aclarando que él no es un experto en Simone Weil. Entiendo que un “no experto” incluso un experto, es decir nadie, puede psicoanalizar a una persona a quien ni siquiera conoció en persona, sólo por su obra, que pocos se atreven a criticar porque pocos conocen en profundidad. El “no ser un experto” no justifica a mi modo de ver el que hable de la sexualidad de Simone, como si eso fuera determinante en su obra. En fin, ¿y qué importa la sexualidad de un filósofo? Sin embargo, parece que sí importa cuando es filósofa.

Simone Weil tiene un escrito que me apasiona y que traigo a menudo a mi memoria y atención, es su ensayo sobre la noción de lectura. Weil habla de “no leer” para permitir que la realidad se muestre tal cual es; es decir, debemos retirarnos, distanciarnos, dejar de lado nuestros juicios y pre-juicios, nuestras creencias e intenciones, pero nunca lo hacemos y leemos, claro que leemos, no podemos evitar leer, porque la realidad se nos muestra continuamente, pero lo que leemos no es tanto la realidad, sino lo que esperamos de ella, lo que creemos saber. Nunca vemos más de lo que esperamos, por eso no debemos suponer nada, para recibir todo lo que nos es dado. Debemos renunciar a nuestras creencias para no arrojar nuestras propias sombras. Sólo el hacernos conscientes permite retirarnos breves momentos. En fin, un tema complejo del que siempre quiero hacerme consciente.

La renuncia de Weil a bautizarse es, como dice Faus, debido al “anathema sit” de la Iglesia, es decir a la necesidad de aceptar los dogmas (p. 7). Si hay algo irrenunciable en Weil es la libertad para cuestionarlo todo, su entrega a la búsqueda de la verdad y su probidad intelectual, se lo exigen. Es clara su posición, se siente amada por Cristo, conoce los dogmas del catolicismo que explica mejor que nadie, se siente atraída por la mística que “es la misma en todas partes” y no entra en una institución donde se pueda condenar a alguien por su libre pensar, entonces ¿a qué viene decir, al final de la misma página, que “se queda a la puerta para buscar la penitencia de la Iglesia que le devuelva su plena fidelidad a Cristo”? Una salida que no viene al caso.

En varios momentos el autor la define como judía, sin ningún resquicio de duda; por ejemplo, cuando “manifiesta el error de relacionar el amor al prójimo y la justicia de los Evangelios con el pensamiento griego”, “error que tiene que ver con el horror de SW hacia los textos violentos del Antiguo Testamento y con el rechazo instintivo de un nacionalismo racista judío, precisamente porque ella era judía” (p. 21). Personalmente, que provengo de “cristianos viejos”, he sentido el mismo horror también ¿porque quizás provengo de judíos ancestros?

Por otra parte ¿puede definirse una persona por lo que dijo no ser? ¿por lo que apenas conoció y ya de mayor? Se puede discutir del tema, pero ¿podemos catalogar así a alguien que apenas conoció el judaísmo porque ya sus padres se apartaron de ello? Podemos decir que Weil fue filósofa, sindicalista, maestra, obrera, escritora, porque ejerció todas esas facetas… pero, ¿podemos basarnos en un im-puesto judaísmo para justificar su pensamiento?

Más aún ¿Podemos presentarla comparándola con otras judías?, por ejemplo, con Etty Hillesum (p. 23) “SW, por ser ella misma judía, se vuelve agresiva y generaliza. (…) Etty no generaliza. (…) En Simone hay una sexualidad reprimida; Etty, más bien libertina y a quien le gustaba hacer el amor, va aprendiendo el sentido de una castidad…” No sé qué dirían ellas si lo leyeran.

He leído y me gusta mucho la interiorización profunda que Etty (Ester) expresa, pero a mi juicio no son comparables. A un filósofo –o a una filósofa- se le compara con otros u otras por su obra, no por su sexualidad. A Simone Weil se la suele comparar con otras judías. sin necesidad de que sean filósofas, como Etty o Anna Frank, que escribieron diarios, como si ese fuera el legado del pensamiento filosófico de Simone Weil, con todos mis respetos para ellas.

Algunas sombras se fundamentan en Sylvie, la “sobrina” y sus quejas. Tengo una opinión bastante parecida a la de Faus acerca de los escritos de Sylvie sobre su “tía”, pero quizás le ha faltado aclarar, ya que la utiliza como referente de las quejas que lanza sobre Simone, que Sylvie pensaba -o mejor dicho sentía- que Simone Weil pudo ser su madre. Una supuesta madre que, por diferentes motivos, traumó a una hija ¿quizás porque no le dio el amor maternal que parece necesitar?

Porque la sombra que más quisiera despejar para que por fin nos dediquemos a hablar del pensamiento y de la expresión de Simone Weil, es la de la crítica a su madre. “Madre ciega como todas las madres” “super-cariñosa, super-cuidadora y super-posesiva”. Madres supers que nutrimos todos los traumas y provocamos enormes dificultades en nuestros hijos e hijas. ¡Cuántas madres han sufrido y sufren sintiendo que son las responsables de los problemas de sus hijos e hijas! Sombras sobre una de las relaciones más intensas que algunas podemos experimentar, sombras que duelen.

Sombras porque son “otros temas”. Se puede traer Simone Weil al propio pensamiento y a la propia experiencia sobre los pobres, la injusticia, la Iglesia, la verdad, el cristianismo, la política…, porque de todo ello va la obra weiliana, pero iluminaríamos su decir dejando atrás el supuesto judaísmo, la supuesta no-sexualidad y la supuesta minusvalía emocional que le pudo causar una madre inteligente, atenta, amorosa, creativa, una madre que todas hubiéramos querido tener.

En fin, quisiera, como el padre Primitivo del cuento de Pemán que recoge Faus en un segundo anexo, beber del agua fresca del pozo para que el otro, al que miro y veo sediento, beba también y apague su sed, aunque sólo sea la temporal, así de necesitados somos… y me gozaré con ello.

Maria Àngels García-Carpintero Sánchez-Miguel, L’Hospitalet, 14-08-2021

Versión revisada y ampliada de la que escribí el 30 de junio.

 

A Mine (así llamaba afectuosamente Simone a su madre), a Simone, a Etty, a Anna, a Sylvie, a Angelita, mi madre, que murió durante la última fase de su Alzheimer sin perder el vínculo con su “niña-madre”, a Irene, mi hija no-traumada y a todas nosotras tan sobre-leídas.



[1] Weil, Sylvie (2011) En casa de los Weil. André y Simone. Madrid: Ed. Trotta.

[2] González Faus “Mística y verdad, solidaridad y belleza” en: Bea, E. y otros (2010) La conciencia del dolor y la belleza. Madrid: Ed. Trotta, p. 95-107.

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